Por primera vez en mucho tiempo, acabo de tener miedo a una página en blanco.

Solía escribir cuando estaba con la moral baja...y hacía demasiado tiempo, que no escribía sobre papel.

Creo que tantas semanas de silencio me autodestruyen mi interior. Arañándome y quemándome en silencio.

Mi silencio.

No veo el final del túnel, solo oscuridad, cada vez mas negra y mas profunda.

Me veo caer cada vez mas en el fondo negro de lo que es esta ciudad.

Te arrastra, te engulle, como si de un mounstruo se tratara, alimentándose de ilusiones y vivencias, quitándote todo.

Dejándote vacía.

Hace poco alguien me preguntó porque yo afirmaba que era una persona rara.

Su respuesta fué porque siempre me habían hecho creerlo así.

La solución: Pensar que nunca lo fuí.

Pero lo soy, lo soy por doblegarme, por darle todo a esta ciudad en la que vive gente absurda que te quita las ilusiones y las ganas de dar.

Esta ciudad que te chupa y te sustrae dejándote vacía como si ya nada hubiera dentro.

Gente que opina que los pensamientos no son importantes, ni siquiera los sentimientos, solo porque ellos son incapaces de entenderlos.

Esta noche, desde aquí mis lágrimas vuelven a mojar el papel, y el bolígrafo surca ágil las líneas, como si aún hiciera esto a menudo.

Esta noche, mas vacía que nunca, siento que nunca querré volver a dar, siento que NECESITO irme de aquí, NECESITO recuperar las alas que me cortaron una vez...

Y que yo, ilusa, regalé al ladrón.

Mis alas, mi fuerza y mis ganas de luchar.

Hoy mas que nunca me siento prisionera, loca y absurda, mientras lágrimas calientes surcando mi cara, relajan mi cuerpo, permitiéndole descansar al fin, tras semanas de aguantar, sin haber dado nada, y por supuesto, sin recibir.

En la mas absurda soledad mi llanto rompe mis cadenas, para que en cuanto este cese, vuelvan a soldarse, de nuevo, como grilletes tatuados en mi piel, absorbiendo mi energía y mi dolor eternamente.

7/9/06 - 1.24 A.M.